Ideas prácticas y funcionales para integrar la cocina al living

Los cambios de hábitos sociales de las familias y la mayor informalidad con que se viven actualmente las viviendas van muy bien con la idea de agrandar el sector de la cocina.

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Ya no hay divisiones entre el área de preparación de la comida y la mesa familiar, incluso el estar comparte el mismo gran ambiente. Después de la experiencia de haber estado extremadamente hogareños en los últimos meses, sin dudas aumentan las ganas de encarar una reforma en la cocina para ponerla a punto y disfrutarla más.

Desde hace varios años, las cocinas son la carta de presentación de una casa, un rol que antes correspondía al estar. Con lo cual, su equipamiento adquiere especial importancia y nuevas soluciones estéticas. La pauta inicial, entonces, plantea la necesidad de diseñar estos espacios integrados como un conjunto, con continuidad de materiales, colores y texturas. Luego, cada sector tendrá su resolución particular, según los requisitos funcionales.

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Cocina de Autor, María Delia Zaccagnini para Johnson Aceros, Casa FOA Circulo Olivos, 2019.
Cocina de Autor, María Delia Zaccagnini para Johnson Aceros, Casa FOA Circulo Olivos, 2019.

La isla, el desayunador… ¿son para todas las cocinas?

Al derribar las paredes divisorias, el nuevo ambiente queda listo para iniciar la intervención.

En las cocinas más pequeñas, la transición espacial puede ser simplemente disponer una mesa o un mueble con estantes de modo de no interrumpir las visuales a través y marcar una división virtual con el living.

Para armar una isla se requiere un ambiente espacioso, a partir de unos 20 m2 ya es posible. Son ideales para resolver la integración entre ambientes y generar un lugar de encuentro familiar. El área de apoyo puede tener dos alturas para ubicar de un lado un desayunador con banquetas altas y del otro una mesada o espacio de guardado. Una mesa de altura tradicional puede funcionar muy bien como reemplazo de la barra. Y con mayor flexibilidad de uso, por ejemplo, como escritorio para la tarea escolar de los chicos.

Lo ideal es que la distancia entre mesadas sea de 0,90 m y no supere el 1,20 m. Estas medidas de paso permiten que dos personas se muevan con comodidad y, cuando giran sobre sí mismas, puedan apoyar lo que tienen en las manos sin trasladarse.

En una isla central es posible ubicar el anafe y la bacha, con la heladera. En ese caso, será necesario prever la reforma de las instalaciones. El anafe se puede resolver fácilmente con un artefacto eléctrico. Un poco más complicado, pero factible, será extender las cañerías de agua fría y caliente y prever el desagüe respetando la pendiente

Cocina para un matrimonio con hijos, Diana y Eliana Gradel, Casa FOA Luis María Campos, 2017.
Cocina para un matrimonio con hijos, Diana y Eliana Gradel, Casa FOA Luis María Campos, 2017.

Casi como un laboratorio

Cualquiera sea el caso, el proyecto de una cocina siempre debe tener en cuenta un circuito funcional en el que se identifican tres zonas: la cocción (cocina o anafe sobre mesada y horno de empotrar), de lavado y preparación (mesada con una o dos piletas, lavavajillas) y de guardado (alacena, despensa, heladera y escobero).

Habitualmente la secuencia de uso de estas áreas sería la siguiente: Heladera/despensa (buscar alimentos), mesada/pileta (preparación y lavado), y cocina/horno (cocción). En las reformas, esta secuencia de trabajo suele estar condicionada por la posición de los suministros de gas o agua, y la ubicación de puertas y ventanas.

Cocina de vanguardia, Angélica Campi para Johnson Acero, Casa FOA Palacio Cabrera, 2016.
Cocina de vanguardia, Angélica Campi para Johnson Acero, Casa FOA Palacio Cabrera, 2016.
“Una cocina de Otro Tiempo”, Maia Lauferman, Natalia Alvarez Bonin, Leandro De Angelo, Lucas Tumburus, Casa FOA Devoto, 2018.
“Una cocina de Otro Tiempo”, Maia Lauferman, Natalia Alvarez Bonin, Leandro De Angelo, Lucas Tumburus, Casa FOA Devoto, 2018.

Garantizar el orden y el guardado

El equipamiento también responde a este circuito. Por ejemplo, las cajoneras usualmente se ubican cerca de las zonas de cocción y lavado porque contienen los utensilios que se necesita para esas taresa. En las alacenas, lo ideal es guardar los elementos de uso cotidiano, como la vajilla. Mientras que los objetos más pesados, como las ollas, son más cómodos de manipular con cajones deslizantes en el bajo mesada.

Los muebles con ruedas son muy prácticos como cajoneras y áreas de apoyo extra. Se puede calcular las alturas a fin de prever un espacio para deslizarlos bajo una mesada o mesa.

Sectorizar con los materiales

Como transición entre la cocina y el estar, estantes colgantes o un cielorraso más bajo pueden crear una separación virtual. Los artefactos de iluminación también son buenos aliados en ese objetivo.

Intervenir el plano del piso es un recurso muy útil tanto para integrar como para sectorizar los espacios. En el primer caso, se puede colocar un mismo piso, que incluso puede ser madera (las hay resistentes a la humedad). Si la idea es identificar áreas, un piso de madera se puede combinar con un porcellanato en el sector paralelo a la mesada y simplificar la limpieza donde pueda caer un líquido o alimento. El cambio de material vale también para crear una “alfombra” bajo la mesa.

Para finalizar ¿qué hacemos con los electrodomésticos?

Últimamente, es tendencia esconder la heladera y lavavajillas en muebles panelizados que incluyen también los hornos de empotrar. Así, todo el equipamiento queda integrado en el plano del mueble y el protagonismo de la cocina recae en la mesada de trabajo, que generalmente es una isla. Otra opción dentro del mismo concepto es ubicar la mesa de comedor en el centro del espacio y organizar el circuito funcional de la cocina sobre un lateral y con el equipamiento panelizado. Todo queda resuelto en un gran mueble que forma parte del living.

Cocina y comedor de diario, Leandro de Angelo y Maia Lauferman, Casa FOA Círculo Olivos, 2019.
Cocina y comedor de diario, Leandro de Angelo y Maia Lauferman, Casa FOA Círculo Olivos, 2019.